Haití.
Silban en el aire algunas nubes que disimulan. Hacen de cuenta que el viento no las corre, pero aprovechan para huir lentamente. Sobre el centro de la plaza, sobre la tierra que se hace ventolina marrón, de la boca del que ahora pesa mucho más, se le escapa un pájaro rojo. Muerte y volar. Se terminó el sueño, ¿predestinado final?

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