18.6.07

Teléfono.

En otra foto color mueble aparece sentada en una mecedora una señora con canas peinadas que ocultan el vacío de su pelo. Celeste, medio gastado, aparece en una mesa de luz, que en verdad es de madera, un teléfono de esos que ahora sólo asoman en las remiserías del sur, con numeros y scratches para discar números. De ésa época donde un cuatro no estaba adelante de todo el mundo, de ésa época en que se podía dejar la puerta abierta sin llave ni cerrojo.
Habla la señora y cuenta de su día, de su aventura de almacén, de los precios que no dan más, de Jorge y del vecino. Calla sus miedos, que tras su calvicie piensan en que el destino está marcado y ya repartieron las cartas antes de que ella naciera. Sigue hablando y hablando, contando de su mundo.

Y a la altura de la oreja se escucha un La incesante de alguien que cortó hace años el teléfono y dejó de escuchar y hablar.

1 Comentarios:

Blogger Jeza dijo...

Será que a veces cuesta caer y la fantasía termina comiendo a la realidad.
Triste y bello.
Salute!

11:37 p. m.  

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