Flores.
Despedida a lo lejos en el puerto de Buenos Aires, desde un pequeño barrio anónimo saluda un pañuelo casi con agua y sal. Solo por reprimir no está mojado. El pañuelo blanco y verde saluda con euforio y como es en el mundo, volátil y con el viento, a una pashmina naranja que andará como alfombra voladora por los aires del nuevo mundo.
De amor y suerte hablan los mocos de pañuelo.
De amor y suerte hablan los mocos de pañuelo.

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