Necesito un Parissiene.
No queda otro remedio que pedirle al que guiña detrás del mostrador un profundo parissiene. Una dosis de humo gris que sobrevuele por un oscuro callejón del Barrio Latino que se enrrosque por los aires y ate con su consistir a los faroles y las estrellas que brillan de ese lado del mundo. Que ate los sueños y los ojos de los soñadores que mueren sin poder llegar a estar a tu orilla pintando tu paisaje.
Una dosis de sangre de Jesús que llene la barriga y se escape por la boca, y tirado en el empedrado que brilla amarillento cerrar los ojos hasta que el cielo blanco me avise que ya se pasó la vida. Un abrir y cerrar de ojos, mirandote caminar y quedar parada ahí.
Un poco más de tabaco, necesito un poco más de Paris.
Una dosis de sangre de Jesús que llene la barriga y se escape por la boca, y tirado en el empedrado que brilla amarillento cerrar los ojos hasta que el cielo blanco me avise que ya se pasó la vida. Un abrir y cerrar de ojos, mirandote caminar y quedar parada ahí.
Un poco más de tabaco, necesito un poco más de Paris.

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