Ojo.
Me sigue desde la piel de una casa, pintada en rojo furioso. Des-arte colorado sin colorín y sin cuento que termine, desde el fondo de una calle de Villa Crespo, en plena ciudad moderna. A una cuadra de un perro que corre y sobre el empedrado de una calle con olor a ocupada.
Todavía suenan las toses y los bajos de una canción de cumbia en el otoño porteño. Suenan en el fondo, con una risa macabra, una línea de cocaína y una bombacha húmeda al por mayor.
Todavía suenan las toses y los bajos de una canción de cumbia en el otoño porteño. Suenan en el fondo, con una risa macabra, una línea de cocaína y una bombacha húmeda al por mayor.

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