IV: Brillo.
Mediodía y un poquito más. El sol pegando de lleno sobre el asfalto lo hace brillar. Es casi una escena del lejano oeste en plena ciudad moderna. El semaforo en rojo no deja pasar al peatón que busca cruzar pronto, pero su mirada se pierde en una mesa del bar de la esquina. El calor pegoteaba la camisa de la persona que estaba sentada sonriendo. Sus dientes brillaban más con el sol fuerte y un gorro tapaba la relación que podían tener sus pelos y los rayos del astro. Tomando un agua mineral, en un bar donde nunca hay nadie, sonríe la persona. Le sonríe hasta a las personas, desde la vereda de enfrente.
El semáforo se pone en verde, y el peatón cruza. Se le hace tarde para seguir rutineando. La persona del bar se queda para siempre en la silla, tomando agua mineral, conociendo y conociendo. En la retina del peatón todavía brillan los dientes de la persona. Aparece esa sensación de que todo es lo mismo de siempre y no hay nada nuevo bajo el sol.
El semáforo se pone en verde, y el peatón cruza. Se le hace tarde para seguir rutineando. La persona del bar se queda para siempre en la silla, tomando agua mineral, conociendo y conociendo. En la retina del peatón todavía brillan los dientes de la persona. Aparece esa sensación de que todo es lo mismo de siempre y no hay nada nuevo bajo el sol.

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