Polaroid.
Los flashes no le asustan y disfruta el olor a trueno, el quejido de los muebles y el color de las pesadillas. Mientras tanto a la cabeza contra la almohada le laten los ojos y se le van de acá para allá, se olvida perfectamente de a donde está, si en un cuello o en un pedestal, hecho marmol de inmigrante cerca de la chacrita.
Sigue hediendo y caminando, con las puntas de sus pies que se quejan salpicando gotas de rencor y horror hacia todo lo que no pudo ser. Se agarra el miembro, y hace pis en un rincón.
Sigue hediendo y caminando, con las puntas de sus pies que se quejan salpicando gotas de rencor y horror hacia todo lo que no pudo ser. Se agarra el miembro, y hace pis en un rincón.

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