Receta.
La impotencia, lo errado, lo malhecho. La horrenda receta para poder sacarle el corcho a la botella del corazon y que se desangre arriba de una hoja de papel. La inesperada cabeza que cual soberbia va y vuelve miles de veces mientras uno todavía va aprendiendo a pararse en dos personas. El desorden y el orgullo mental, sumados a un día de humedad. Una mancha amarillenta sobre la pared blanca, una mancha blanca sobre la caja marrón. Una mancha en el cerebro, una preocupación. Innecesario dolor de amor. Rimas fáciles para un cuaderno de tercer grado, rimas fáciles que se venden desde un tren, llanto fácil que se da por vencido en un colectivo y se transforma en llanto de marcador en el respaldo de un amor. Y la extraña sensación de querer vencer al monstruo, que no es más que uno mismo, con menos dientes y más banderas, con más que patas y clavos en el piso. No se muda ni a palos, y sigue escuchando su rocanrol a todo volumen, y disfruta subiendo cuando me estoy yendo y despidiendo. Y disfruta más cuando el insomnio agobia, el mosquito pica y la nube se lamenta en agua.

1 Comentarios:
Para el mosquito, MAS.
Para el monstruo de lo que imagina la cabeza, buenas realidades.
Eso decía alguna otra receta que sabés que leiste por ahi.
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