Antes de llover.
Fue aquella noche de luna cuarto funguante cuando se dió cuenta el caballero que había madurado y estaba en las puertas de otra cabeza y otra mente con nuevas ideas y nuevos soles. Sentado en un escalón en esquina de avenida con empedrado, vio venir a una pareja antes de cruzar las teclas del piano del asfalto porteño. La sensación de ternura y la sonrisa invadiendo su paladar tras ver la panza que escondía una persona, tras esa ropa y esa futura madre, le hizo entender que estaba en los pies de un nuevo ser que ya veía un mundo distinto. La noche había terminado y las luces del nuevo día ya brillaban en su cabeza, ahora faltaba que brillaran en lo corporal y que se diera a hacerlo.
Después de un rato de ver la calle, se volvió en el mismo colectivo sesenta y cinco y vio como el viento soplaba fuerte previo a una tormenta en la ciudad. Recordó una voz de un viejo amigo diciendo que las calles de la ciudad estaban dispuestas para que el viento barriera sus hojas y mantuviera siempre limpia su alma, tanto así como la luna limpia nuestros corazones.
Después de un rato de ver la calle, se volvió en el mismo colectivo sesenta y cinco y vio como el viento soplaba fuerte previo a una tormenta en la ciudad. Recordó una voz de un viejo amigo diciendo que las calles de la ciudad estaban dispuestas para que el viento barriera sus hojas y mantuviera siempre limpia su alma, tanto así como la luna limpia nuestros corazones.

1 Comentarios:
Lindo paisaje.
Es díficil comentar cuando una idea está tan acabada.
Nos estamos leyendo.
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