Les Faros.
Una tinta negra, de china con amor, sobre un papel. Quizás sea el faro más lindo de la última quincena de su vida para este niño perdido que se haya adentro de un viejo barbudo, intento de poeta y de pintor. La rutina de sentarse todos los días a ver en la ventanilla a la muerte vestida de gris cobrar su jubilación lo agobiaba y lo obligaba cada momento a olvidar sus sensaciones, olvidar que había sido niño.
Un juego sobre un papel, un garabato que sólo hacía cuando hablaba por telefono con su divorcio y su mujer. Un olvido en el fondo de un callejón, como centavo de otro relato. Como una pelota pinchada en el jardín de la vecina, que pasa días y días perdiendo color al sol y pudriendose contra el barro del patio. El enano mira desde el fondo, atónito, sin poder cerrar sus ojos, obligado a ver como se va olvidando la niñez.
Pasaron los años y más de 20 en la misma silla, la misma ventanilla y la misma rutina, delante de los ojos de otro enano que puede abrir y cerrar los ojos, pero decide mantenerlos duros y sin cerrar por el patrón (por la patrona y por sus críos). Quién diría que encontraría la paz con una Pilot en su mano y un montón de Rivadavias para anotar su paciencia y su letra de amor y bronca.
Esa noche sin luz artificial, sólo con las estrellas y una vela que bailaba, encontró su faro y no fue una jeringa o una botella. No fue tampoco una luna colgada con el cielo celeste, simplemente porque ya había gastado todo su amor al verla mucho antes. Dicen que no fue una gota de sed, ni un suspiro de desierto. Fueron $2,50 que gastó en la librería.
Un juego sobre un papel, un garabato que sólo hacía cuando hablaba por telefono con su divorcio y su mujer. Un olvido en el fondo de un callejón, como centavo de otro relato. Como una pelota pinchada en el jardín de la vecina, que pasa días y días perdiendo color al sol y pudriendose contra el barro del patio. El enano mira desde el fondo, atónito, sin poder cerrar sus ojos, obligado a ver como se va olvidando la niñez.
Pasaron los años y más de 20 en la misma silla, la misma ventanilla y la misma rutina, delante de los ojos de otro enano que puede abrir y cerrar los ojos, pero decide mantenerlos duros y sin cerrar por el patrón (por la patrona y por sus críos). Quién diría que encontraría la paz con una Pilot en su mano y un montón de Rivadavias para anotar su paciencia y su letra de amor y bronca.
Esa noche sin luz artificial, sólo con las estrellas y una vela que bailaba, encontró su faro y no fue una jeringa o una botella. No fue tampoco una luna colgada con el cielo celeste, simplemente porque ya había gastado todo su amor al verla mucho antes. Dicen que no fue una gota de sed, ni un suspiro de desierto. Fueron $2,50 que gastó en la librería.

1 Comentarios:
estas viejo y con barba?
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