Romance de barrio.
Las doce hace un rato, las tres hace menos. Los veinte en la calle, los doce en la vereda, el almacén prendido y enrejado. La cumbia de fondo, sobre la calle, los cajones. Parecido al romance de barrio que editó un día el colega en el Diario Clarín, pero en otro barrio y sin colores que vitorear. Botellas, palos y cestos de los naranjitas siendo libres de la gravedad, aprendiendo a volar, para caer al piso una vez más.

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