Efervescencia II.
Y... cómo que empezaba con G, tenía un gorrito tipo marroquí, una camisa de un ex-bailarín de música afrocubana y un compás sin igual. Estilo y efervescencia unidos al compás de una guitarra criolla, ya quemada de tanto acorde y humo al andar. Una guitarra sin ojos, pelo lacio ni madera virgen, ya dificil de encontrar. Una guitarra de casa antigua, de Nuñez con amor.
Se la pasó bailando unos minutos, con los parlantes a mil, con las revoluciones de las de adentro. Si las luces le hacían brillar la piel de transpiración, y los ojos maravillaban con que era magia en líquido que le salía por los poros. Al ritmo del chan chan sonó y sonó hasta que después de una pirueta, terminó.
Gira que gira, gira, gira.
Se la pasó bailando unos minutos, con los parlantes a mil, con las revoluciones de las de adentro. Si las luces le hacían brillar la piel de transpiración, y los ojos maravillaban con que era magia en líquido que le salía por los poros. Al ritmo del chan chan sonó y sonó hasta que después de una pirueta, terminó.
Gira que gira, gira, gira.

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