Acorde II.
Y ya no soy el único que estiró el dedo e hizo sonar ese Do tan lindo y bonito, como primer acorde en una escala que se queda corta. Una escala que sigue y tiene para escalar, subir, bajar, y andar y andar. Es que no se terminan los acordes ni la invención, con una escala. No se termina nada, no explota ninguna burbuja, no se cae ninguna hoja en otoño, sin que vuelva a colgarse del cuello a punto del suicidio en un árbol, y su soga no aguante la idea del final y la estación de tono la ayude a arrancarse del final. No hay finales. Si parece que ese Do puede sonar por toda la tarde, por toda una vida. Sólo hay que hacerlo sonar, y volar. Vamos que no hay fin.
Tus manos son mi caricia, mis acordes cotidianos.
(Mario Benedetti)
Tus manos son mi caricia, mis acordes cotidianos.
(Mario Benedetti)

1 Comentarios:
Sí, ojalá que la burbuja no explote nunca.
Un beso.
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