El color que le faltaba a tanto gris.
Van llegando a su fin y van cayendo los soles de tantas mañanas y tardes sucedidas en ese lugar. No piensa más que en que va a extrañar lo que nunca le gustó.
Que el asfalto haya tapado el empedrado hace tiempo en ese lugar solía parecerle algo artificial todas las mañanas de su rutina.
Que el sonido de las campanas de la Municipalidad sonando en punto, y media y menos cuarto sea tan constante y pesado.
Que los autos pasen con prisa sin dejar pasar a los pobres ilusos que todavía tenemos piernas.
Que la gente viaje en ese limbo subterreano echando a perder una hora de viaje sin luz y con las piernas de otro en la nuca.
Que escupirle la comida al de al lado sea aplaudido.
Que la única medicina para el hambre sea algo que marea.
Que la única medicina para el aburrimiento y lo hueco de sus almas sea algo que marea.
Que lo único que sale de los autos sea algo que marea.
Que a ese tango lo único que le falta es color.
Ya no le importa nada. Sólo le agradece a todo ese mundo lleno de avenidas, luces de colores, gritos y bocinas. Le agradece por haberle enseñado lo que no quiso ser. Y se despide con respeto de esa gente que hacía único cada día de la rutina aburrida.
Se despide haciendole una reverencia a esos dos monumentos de que la realidad todavía existe en lo más recóndito de lo artificial. Se despide de ese monumento de Diagonal Sur dedicado al genocidio, se despide con una sonrisa porque ve que Roca tiene la cara pintada de rojo. Y sonríe porque sabe que si alguien le pintó de rojo, es porque muchos desean su sangre todavía.
Y Se despide de esa señora que con una sonrisa, una pollera larga y un carrito ofrecía color y aromas. Una guerrera amazona salida del bosque y de los yuyos, ofreciendo vida por sobrevivir, ofreciendole flores al microcentro. Ofreciendo el color que le faltaba a tanto gris.
Que el asfalto haya tapado el empedrado hace tiempo en ese lugar solía parecerle algo artificial todas las mañanas de su rutina.
Que el sonido de las campanas de la Municipalidad sonando en punto, y media y menos cuarto sea tan constante y pesado.
Que los autos pasen con prisa sin dejar pasar a los pobres ilusos que todavía tenemos piernas.
Que la gente viaje en ese limbo subterreano echando a perder una hora de viaje sin luz y con las piernas de otro en la nuca.
Que escupirle la comida al de al lado sea aplaudido.
Que la única medicina para el hambre sea algo que marea.
Que la única medicina para el aburrimiento y lo hueco de sus almas sea algo que marea.
Que lo único que sale de los autos sea algo que marea.
Que a ese tango lo único que le falta es color.
Ya no le importa nada. Sólo le agradece a todo ese mundo lleno de avenidas, luces de colores, gritos y bocinas. Le agradece por haberle enseñado lo que no quiso ser. Y se despide con respeto de esa gente que hacía único cada día de la rutina aburrida.
Se despide haciendole una reverencia a esos dos monumentos de que la realidad todavía existe en lo más recóndito de lo artificial. Se despide de ese monumento de Diagonal Sur dedicado al genocidio, se despide con una sonrisa porque ve que Roca tiene la cara pintada de rojo. Y sonríe porque sabe que si alguien le pintó de rojo, es porque muchos desean su sangre todavía.
Y Se despide de esa señora que con una sonrisa, una pollera larga y un carrito ofrecía color y aromas. Una guerrera amazona salida del bosque y de los yuyos, ofreciendo vida por sobrevivir, ofreciendole flores al microcentro. Ofreciendo el color que le faltaba a tanto gris.

2 Comentarios:
me gusta bastante por momentos decae en reiterativo pero esta bueno
abrazo
Muy bonito.
Parece como la despedida de una rutina (suena como si no fueras a laburar más), pero entendí cualquier cosa seguramente...
Salú!
Jez
Publicar un comentario
Suscribirse a Comentarios de la entrada [Atom]
<< Página Principal