Contrastes en la City.
Hay gente y hay gente.
Hay gente que festeja como desaforada en la calle y esboza su sonrisa, que va como si fuera un contrapunto musical navegando por la rutina diaria del mal humor. Se le cagan de risa en la cara al espejo, que rie todas las mañanas por ver su cara de orto, pero hoy no va a poder reir. Sólo porque una cosa redonda entró seis veces en un arco. Festejan una goleada. Hay gente que ganó por goleada.
Pero hay otra gente que no le alcanza con seis veces. Hay gente a la que no le alcanza el éxito deportivo, ni el orgasmo de meterla cuantas veces quieran. Hay gente que no sonríe como Don Julio. Hay gente que quisiera estar en otros zapatos, o por lo menos tener algo para cubrir sus pies. Hay gente que no puede abrigar su alma ni con todas las banderas que cuelgan de los balcones. Hay gente que no tiene balcones, hay gente que no tiene banderas.
Hay gente que ganó por goleada, pero hay otra gente que, a pesar de haber ganado, sigue perdiendo por seis goles.
Nunca me gustaron los taxis. Siempre los vi como el segundo medio de transporte favorito de un burgués. Pero hoy pensé que no estaría mal si algún día en nuestras tierras se da la combinación de ver una bandera argentina y a su lado bien brilloso un cartel rojo que dice "Libre".
Hay gente que festeja como desaforada en la calle y esboza su sonrisa, que va como si fuera un contrapunto musical navegando por la rutina diaria del mal humor. Se le cagan de risa en la cara al espejo, que rie todas las mañanas por ver su cara de orto, pero hoy no va a poder reir. Sólo porque una cosa redonda entró seis veces en un arco. Festejan una goleada. Hay gente que ganó por goleada.
Pero hay otra gente que no le alcanza con seis veces. Hay gente a la que no le alcanza el éxito deportivo, ni el orgasmo de meterla cuantas veces quieran. Hay gente que no sonríe como Don Julio. Hay gente que quisiera estar en otros zapatos, o por lo menos tener algo para cubrir sus pies. Hay gente que no puede abrigar su alma ni con todas las banderas que cuelgan de los balcones. Hay gente que no tiene balcones, hay gente que no tiene banderas.
Hay gente que ganó por goleada, pero hay otra gente que, a pesar de haber ganado, sigue perdiendo por seis goles.
Nunca me gustaron los taxis. Siempre los vi como el segundo medio de transporte favorito de un burgués. Pero hoy pensé que no estaría mal si algún día en nuestras tierras se da la combinación de ver una bandera argentina y a su lado bien brilloso un cartel rojo que dice "Libre".

3 Comentarios:
Que ciertas tus palabras.
Entre celeste y blanco de gorrito, camiseta y trompeta, nos olvidamos del celeste y blanco de cielo que algunos no tienen, ni hoy ni nunca, aunque el país hoy se pinte de esos colores.
Jeza
ahora son todos patriotas idiotas.
Muy lindo lo que escribiste... y muy cierto.
Prometo darme una vuelta bastante seguido por acá para ver que hay de nuevo.
Saludos desde el otro lado del charco.
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